Un Drama en México
Un Drama en México —¡Esto marcha! ¡esto marcha! Antes de diez horas estaremos en alta mar, y auguro bien de un viaje que empieza de esta manera.
Por toda respuesta, el muchacho estrechó la mano a Crockston.
Jacobo Playfair daba entretanto las últimas órdenes para la partida.
—¿Tenemos presión? —preguntó a su segundo.
—SÃ, capitán —respondió mister Mathew.
—Está bien: larguen las amarras.
La maniobra fue ejecutada inmediatamente. Las hélices se pusieron en movimiento. El DelfÃn se puso en marcha, pasó por entre las naves del puerto y desapareció bien pronto a los ojos de la multitud que lo saludaba con sus últimos hurras.
La bajada del Clyde se verificó fácilmente. Se podrÃa decir que aquellas riberas habÃan sido hechas por la mano del hombre, y hasta por mano maestra. Después de sesenta años, gracias a las dragas y a un trabajo constante, habÃa ganado el rÃo quince pies de profundidad y triplicado su anchura entre los muelles de la ciudad. No tardó en perderse entre los humos y la bruma el bosque de chimeneas y de mástiles.