Un Drama en México
Un Drama en México EL Delfín llevaba muy buena tripulación, no marinos de combate ni de abordaje, sino hombres que sabían maniobrar muy bien, que era lo que necesitaba. Aquellos muchachos eran todos resueltos, pero más o menos negociantes. Iban en busca de la fortuna, no de la gloria.
No tenían pabellón que enseñar y defender a cañonazos. Toda la artillería de a bordo consistía en dos pequeños pedreros para las señales.
El Delfín navegaba velozmente; respondía a las esperanzas de los constructores y del capitán, y pronto salió de los límites de las aguas británicas. No se veía ningún buque. La gran ruta del océano estaba libre. Por otra parte, ningún buque federal tenía derecho a atacar a una nave en la que ondease el pabellón inglés; únicamente podía seguirla para impedir que forzara el bloqueo. Por eso, para no ser seguido, Jacobo Playfair habíalo sacrificado todo a la velocidad.
De todos modos, se hacía muy estrecha guardia a bordo. A pesar del frío, un hombre permanecía todo el día en la arboladura registrando el mar para señalar si se veía alguna vela en el horizonte. Cuando cerró la noche, el capitán Jacobo dio órdenes precisas a mister Mathew.