Un Drama en México
Un Drama en México —No deje usted demasiado tiempo a los vigÃas en las barras —le dijo —. El frÃo les puede aterir, y no es posible hacer buena guardia en esas condiciones. Hay que relevarlos con frecuencia.
—Asà se hará, capitán —respondió mister Mathew.
—Le recomiendo Crockston para ese servicio. El hombre alardea de tener muy buena vista, y hay que ponerlo a prueba. Inclúyale en el cuarto de la mañana, para que vigile las brumas matinales. Si ocurre alguna novedad, avÃseme usted enseguida.
Dicho esto, Jacobo Playfair entró en su camarote. Mister Mathew mandó llamar a Crockston y le transmitió las órdenes del capitán.
—Mañana a las seis —le dijo —, ocuparás el puesto de observación en las barras de trinquete.
Crockston, por toda respuesta, dio un gruñido de los más afirmativos; pero el segundo no habÃa tenido aún tiempo de volver las espaldas, cuando el marinero profirió unas palabras ininteligibles, y acabó diciendo:
—¿Qué demonios querrá decir eso de barras del trinquete?
En aquel momento fue a reunirse con él su sobrino Juan Stiggs, en el castillo de proa.
—¿Qué pasa, Crockston? —le preguntó.