Un Drama en México
Un Drama en México —Adonde usted me manda —respondió Crockston.
—Te he dicho que subas a las barras de trinquete.
—Pues allá voy —repuso, imperturbable, el marino, continuando hacia la toldilla.
—¿Te estás burlando? —exclamó el segundo con impaciencia—. ¿Vas a buscar las barras de trinquete en el palo mesana? Me parece que no sabes si quiera lo que es tomar un rizo. ¿A bordo de qué gabarra has navegado, amiguito? ¡A las barras de trinquete, estúpido, a las barras de trinquete!
Los marineros de servicio, que acudieron al oÃr los gritos del segundo, no pudieron por menos que reÃr a carcajadas al ver la perplejidad de Crockston que volvÃa hacia el castillo de proa.
—¿De manera —dijo mirando al palo, cuya extremidad, absolutamente invisible, se perdÃa en las brumas de la mañana—, de manera que es preciso que trepe allá arriba?
—Sà —respondió mister Mathew—, ¡y a escape! ¡Por vida de San Patricio! ¡Un buque federal podrÃa meter su bauprés en nuestro aparejo antes que este bribón llegara a su puesto!
¿Acabarás?