Un Drama en México
Un Drama en México Crockston, sin despegar los labios, se encaramó penosamente a la borda; después comenzó a trepar, como quien no sabe hacer uso de sus pies ni de sus manos, y al llegar, tras no pocos esfuerzos a la cofa, en lugar de seguir subiendo con ligereza, se quedó inmóvil, agarrándose a la jarcia, como sobrecogido por el vértigo. Mister Mathew, estupefacto de tamaña torpeza, y sintiendo que la ira comenzaba a dominarle, le mandó bajar a cubierta.
—Este bribón —dijo al contramaestre—, no ha sido marinero en su vida. Johnston, registre su maleta.
El contramaestre, desapareció para cumplir la orden recibida.
Crockston, entretanto, bajaba penosamente, y habiendo perdido pie, agarróse a una cuerda, arriada en banda que cedió, y el pobre hombre cayó rodando sobre cubierta.
—Malandrín, bestia, marino de agua dulce —le dijo el segundo de a bordo a modo de consuelo —. ¿Qué has venido a hacer al Delfín? ¡Has querido hacerte pasar por un excelente marinero, y no sabes siquiera distinguir el trinquete del mesana! Pues bien, ya te ajustaré las cuentas.
Crockston guardaba silencio, encogiéndose de hombros, como dispuesto a recibir resignado todo lo que viniera. El contramaestre no tardó en volver de la cámara de la tripulación.