Un Drama en México
Un Drama en México PodÃa seguÃrsele en su marcha; que se operaba con cierta lentitud relativa, porque los proyectiles salen de los cañones rayados con menor velocidad, inicial que de las piezas de ánima lisa.
Llegada a una veinte brazas del DelfÃn, la bala cuya trayectoria se deprimÃa sensiblemente, rebotó sobre las olas marcando su paso con una serie de surtidores; después, con nuevo empuje tocó la superficie lÃquida, remontóse, y pasó por encima del DelfÃn; pero le cortó el paso el brazo estribor de la verga de trinquete y se hundió a treinta brazas de distancia.
—¡Cáscaras! —exclamó Playfair—. Es preciso volar, porque no tardará en llegar la segunda bala.
—¡Oh! —repuso mister Mathew—, se necesita tiempo para volver a cargar esas piezas.
—A fe mÃa que es muy interesante ver eso —dijo Crockston que, con los brazos cruzados, presenciaba la escena con la mayor indiferencia.
¡Y pensar que son nuestros amigos los que nos envÃan semejantes regalitos!
—¡Hola! ¿eres tú? —exclamó Jacobo Playfair, mirando al americano de pies a cabeza.
—SÃ, mi capitán —respondió Crockston sin inmutarse—. Ya ve usted cómo tiran esos valientes confederados. ¡Muy mal, por cierto!
El capitán iba a contestar con bastante acritud, pero en aquel momento un segundo proyectil se hundió en las aguas a poca distancia de la banda de estribor.