Un Drama en México
Un Drama en México —¡Muy bien! —gritó Jacobo Playfair—. Llevamos dos cables de ventaja a ese Iroqués.
Tus amigos andan como una boya, ¿verdad, Crockston?
—No dirá lo contrario —repuso el americano—, y por primera vez en mi vida me alegro de eso.
Un tercer proyectil quedó mucho más atrás que los dos primeros y en menos de diez minutos el DelfÃn se puso fuera del alcance de los cañones.
—Esto vale más que todos los patent-logs del mundo, señor Mathew —dijo el capitán —; gracias a esas balas sabemos ya a qué atenernos acerca de la rapidez de nuestro buque.
Ahora, mande usted que moderen el fuego. No hay que gastar carbón inútilmente.
—¡Es un excelente buque el que manda usted, capitán! —dÃjole la hija de Halliburtt.
—SÃ, miss Jenny; mi valiente DelfÃn hace diecisiete nudos por hora, y antes que se ponga el sol habremos perdido de vista a esa corbeta federal.
Jacobo Playfair no exageraba respecto a las buenas condiciones de su buque, pues aun tardarÃa en declinar el sol a su ocaso cuando los mástiles de la nave americana habÃan desaparecido en el horizonte.