Un Drama en México
Un Drama en México En efecto, cuando el capitán se vio bastante cerca de la isla de Morris y frente a una lÃnea de cañones cuyo alcance no conocÃa, cambió bruscamente de dirección, hizo girar la nave sobre sà misma, viró al norte y dejó a los cruceros a dos millas a sotavento. Los federales comprendieron al fin la jugada y se lanzaron en persecución del steamer; pero ya era demasiado tarde: el DelfÃn, doblando su velocidad bajo la acción de sus hélices lanzadas a toda máquina, les dejó muy atrás, acercándose a la costa. Los cruceros federales, por hacer algo, le enviaron algunas balas; pero los proyectiles quedaron a mitad del camino.
A las once de la mañana, el buque de Playfair, costeando la isla de Sullivan, gracias a su poco calado, entraba a todo vapor en el estrecho canal. Allà se hallaba al seguro, pues ningún buque federal se hubiera atrevido a seguirle en un paso que no tenÃa más de once pies de profundidad en la bajamar.
—¡Cómo! —exclamó Crockston—. ¿No hay que hacer nada más difÃcil que esto?
—Amigo mÃo —respondió Playfair—, lo difÃcil no es entrar, sino salir.
—¡Bah! —replicó el americano—. Eso me tiene sin cuidado. Con un barco como el DelfÃn y un capitán como el señor Playfair, se entra y se sale cuándo y cómo se quiera.