Un Drama en México
Un Drama en México —Miss —le dijo—, puede usted contar conmigo. Haré hasta lo imposible por salvar a su padre, pero confÃo en que no será preciso vencer grandes dificultades. Hoy sino veré al general Bauregard y sin pedirle bruscamente la libertad de mister Halliburtt, sabré por él en qué situación se encuentra, si está libre bajo su palabra o encarcelado.
—¡Pobre padre mÃo! —sollozó la joven—. No sabe que su hija está tan cerca de él… ¡Ah!
¡que no pueda arrojarme en sus brazos!
—Un poco de paciencia, miss Jenny pronto le abrazará usted. No dude de que haré cuanto pueda, pero procediendo con circunspección y tino…
Fiel a su promesa, Jacobo, después de haber tratado como negociante los asuntos de su casa, entregado el cargamento del DelfÃn y ajustada la compra, a vil precio, de una inmensa cantidad de algodón, hizo recaer la conversación sobre los asuntos del dÃa.
—Según eso —dijo al general Bauregard —, ¿cree usted en el triunfo de los esclavistas?
—No dudo ni por un momento de nuestra victoria respecto a Charleston; el ejército de Lee hará cesar muy pronto el cerco. Además, ¿qué se puede esperar de los abolicionistas?