Un Drama en México
Un Drama en México —Anduvieron hasta el dÃa en que descubrà una conjuración formada por ellos. Su jefe habÃa llegado a establecer comunicaciones con los sitiadores que estaban instruidos de la situación de la ciudad. Hice, pues, encerrar a esos huéspedes peligrosos, y muchos de esos federados sólo saldrán de la cárcel para subir al glacis de la ciudadela, donde diez balas confederadas darán al traste con su federalismo.
—¡Cómo! ¿fusilados? —exclamó el joven capitán, sobresaltándose a pesar suyo.
—SÃ, y su jefe antes que todos. Es un hombre muy resuelto y peligroso en una ciudad sitiada. He enviado su correspondencia a la presidencia de Richmond y, antes de ocho dÃas, su suerte se habrá fijado irrevocablemente.
—¿Quién es ese hombre?—preguntó Jacobo con la más perfecta indiferencia.
—Un periodista de Boston, un abolicionista rabioso, el alma condenada de Lincoln.
—¿Cómo se llama?
—Jonathan Halliburtt.
—¡Pobre hombre! —dijoJacobo tratando de ocultar su emoción —Cualquiera que sea su delito me da lástima. ¿Y cree usted que será fusilado?
—Estoy seguro —respondió Bauregard—. ¿Qué le vamos a hacer? La guerra es la guerra.
Cada cual se defiende como puede.