Un Drama en México
Un Drama en México Ciertamente toda esta naturaleza tan bella parecÃa animarse bajo los ardiente rayos que el sol lanzaba a raudales; pero también, con este calor ardiente, sus desgraciados habitantes se debatÃan bajo los zarpazos de la fiebre amarilla. Por eso los campos, inanimados y desiertos, permanecÃan sin movimiento y sin ruido.
—¿Cómo se llama ese cono que se eleva ante nosotros en el horizonte? —preguntó MartÃnez a José.
—Es la colina de la Brea, apenas más elevada que el resto de la llanura —respondió desdeñosamente el gaviero.
Esta colina era la primera altura importante de la inmensa cadena de las cordilleras.
—Apretemos el paso —dijo MartÃnez, predicando con el ejemplo—. Nuestros caballos proceden de las haciendas del México septentrional y se han acostumbrado a las desigualdades del terreno en sus correrÃas por las sabanas. Aprovechemos la pendiente favorable del camino y salgamos de estas soledades que no parecen hechas para alegrarnos.
—¿Acaso tendrá remordimientos el teniente MartÃnez? —preguntó José, encogiéndose de hombros.
—¿Remordimientos…? ¡No…!
MartÃnez volvió a guardar un mutismo absoluto, y ambos marcharon al trote rápido de sus monturas.