Un Drama en México
Un Drama en México —Cuatro o cinco, mi teniente. ¡Un paseo! Pero vayamos al paso. ¿No se da cuenta de que el terreno sube a ojos vista?
En efecto, las primeras ondulaciones de las montañas se hacÃan notar en la amplia llanura.
—Nuestros caballos no están herrados —añadió el gaviero, deteniéndose —y sus pezuñas se desgastan con rapidez en estas rocas de granito. Pero bueno, no hablemos mal de este suelo. ¡Hay oro debajo de él y, por más que nosotros caminemos encima, mi teniente, eso no quiere decir que lo despreciemos!
Los dos viajeros habÃan llegado a una pequeña eminencia, sombreada profusamente por palmeras de abanico, nopales y salvias mexicanas. A sus pies se extendÃa una vasta llanura cultivada y toda la exuberante vegetación de las tierras cálidas se ofrecÃa a sus ojos. A su izquierda, un bosque de caobas limitaba el paisaje. Elegantes pimenteros balanceaban sus flexibles ramas bajo las brisas ardientes del PacÃfico. Los campos de caña de azúcar erizaban la campiña. MagnÃficos algodonales agitaban sin ruido sus penachos de seda gris. Por todos lados crecÃan el convólvulo o jalapa medicinal y el ajÃ, junto a las plantas de Ãndigo y de cacao, el palo de campeche y el guayaco. Todos los variados productos de la flora tropical, dalias, mentzeliás y heliótropos, irisaban con sus colores esta tierra maravillosa que es la más fértil de la intendencia mexicana.