Un Drama en México
Un Drama en México Pero, por fortuna, su cabeza estaba a la altura de la botavara cuando las escotas se rompieron tan oportunamente…
—¡Cállate de una vez!
El marinero puso punto en boca.
«¡A buenas horas le entran los escrúpulos!», pensó José.
Luego, en voz alta, recomenzó:
—Cuando regresemos me quedaré a vivir en este hermoso paÃs de México. ¡Se hacen las singladuras entre piñas y bananas y se encalla en arrecifes de oro y de plata!
—¿Por eso te decidiste a hacer traición? —preguntó MartÃnez.
—¿Por qué no, mi teniente? ¡Asunto de piastras!
—¡Ah…! —exclamó MartÃnez con desagrado.
—¿Y usted? —preguntó José.
—¿Yo? ¡Por cuestiones de jerarquÃa! ¡El teniente pretendÃa, ante todo, vengarse del capitán!
—¡Ah…! —exclamó José, despreciativo.
Los dos eran tal para cual, fuesen cuales fueran sus móviles.
—¡Calla…! —murmuró MartÃnez, deteniéndose con brusquedad—. ¿Ves algo por aquel lado?