Un Drama en México
Un Drama en México —¿Hay alguna buena posada?
—SÃ, y en un buen clima, bajo un hermoso cielo, en Tasco el sol calienta menos que al borde del mar. De esa forma, apenas sin enterarse a medida que se va subiendo, llega uno gradualmente a helarse en las cimas del Popocatepetl.
—¿Cuándo atravesaremos las montañas, José?
—Pasado mañana al atardecer, mi teniente. Desde las cumbres podremos vislumbrar, muy lejos, eso sÃ, el término de nuestro viaje. ¡México es, realmente, una ciudad de oro! ¿Sabe usted en lo que estoy pensando, mi teniente?
MartÃnez no respondió.
—Me pregunto qué habrá sido de los oficiales del brick y del navÃo que abandonamos en aquel islote.
MartÃnez se estremeció.
—¡No lo sé…! —respondió sordamente.
—Me gusta pensar —continuó José—que todos esos altaneros personajes se han muerto de hambre. Por otra parte, cuando los desembarcamos algunos cayeron al mar, y por esos parajes hay una especie de tiburón, la tintorera, que no perdona. ¡Virgen Santa! ¡Si el capitán Orteva levantara la cabeza, ya podrÃamos irnos ocultando en el vientre de una ballena!