Un Drama en México
Un Drama en México José se irguió sobre los estribos.
—No hay nadie —respondió.
—¡He visto desaparecer rápidamente a un hombre! —dijo MartÃnez.
—¡Imaginaciones!
—¡Lo he visto! —repitió MartÃnez, impaciente.
—¡Pues bien, explore, si ese es su gusto…!
Y José continuó su camino. MartÃnez avanzó solo hacia un matorral de ese tipo demangles cuyas ramas, al tocar el suelo, echan raÃces y forman malezas impenetrables. El teniente echó pie a tierra. La soledad era completa.
De pronto, observó una especie de espiral que se removÃa en la sombra. Era una serpiente de pequeño tamaño, con la cabeza aplastada por una piedra, y que retorcÃa aún la parte posterior de su cuerpo como si estuviese galvanizada.
—¡HabÃa alguien aquÃ! —murmuró el teniente.
MartÃnez, supersticioso y con remordimientos, miró hacia todas partes. Empezó a temblar.
—¿Quién serÃa…? —susurró.
—¿Qué pasa? —preguntó José, que se habÃa reunido con su compañero.
—¡Nada, nada! —respondió MartÃnez—.