Un Drama en México
Un Drama en México Los estallidos del trueno se repetÃan entonces con extrema violencia en la montaña. La lluvia y el viento, que cesaban a ratos, tornaban más sonoros los ecos.
José maldecÃa a cada paso. El teniente MartÃnez, pálido y silencioso, miraba hostilmente a su compañero que se erguÃa ante él como un cómplice a quien hubiera querido hacer desaparecer.
De pronto, un relámpago iluminó la oscuridad. ¡El gaviero y el teniente estaban al borde de un abismo! MartÃnez se acercó de un salto a José. Le puso la mano sobre el hombro y, después de los últimos fragores del trueno, le dijo:
—¡José…! ¡Tengo miedo…!
—¿Miedo de la tormenta?
—No temo a la tempestad del cielo, José, sino la tormenta que se ha desencadenado dentro de mÃ…
—¡Ah! ¡Usted piensa todavÃa en el capitán Orteva…! ¡Vamos, mi teniente, me hace reÃr!
—respondió José, que no se atrevÃa a reÃrse porque MartÃnez le miraba con ojos extraviados.
Un trueno formidable resonó.
—¡Calla, José, calla! —exclamó MartÃnez, que no parecÃa dueño de sà mismo.
—¡Pues sà que ha elegido una buena noche para sermonearme! —replicó el gaviero—¡Si tiene miedo, mi teniente, tápese los ojos y los oÃdos!