Un Drama en México
Un Drama en México —¡Mira… gritó MartÃnez —. ¡Me parece…! ¡Veo al capitán… al señor Orteva… su cabeza rota…! ¡AllÃ…! ¡AllÃ…!
Una sombra negra, iluminada por un relámpago blanquecino, se irguió a veinte pasos del teniente y de su compañero.
En el mismo instante, José vio a MartÃnez a su lado, pálido, siniestro, descompuesto, con el brazo armado de un puñal.
—¿Qué le sucede? ¿Qué…?
Un relámpago los envolvió a los dos.
—¡Socorro! —gritó José.
No quedó más que un cadáver en aquel lugar. Como un nuevo CaÃn, MartÃnez huÃa en medio de la tempestad con su arma ensangrentada en la mano.
Algunos instantes después, dos hombres se inclinaban sobre el cadáver del gaviero, murmurando:
—¡Uno menos!
MartÃnez erraba como un loco a través de las sombrÃas soledades. CorrÃa con la cabeza descubierta bajo la lluvia que caÃa a torrentes.
—¡Socorro! ¡Socorro! —gritaba, tropezando contra las rocas que se deslizaban a sus pies.
De pronto se dejó oÃr un gorgoteo profundo. MartÃnez miró y escuchó el estrépito de un torrente.