Un Drama en México
Un Drama en México —México a la izquierda y Puebla a la derecha, ¡si es que podemos ver algo! —respondió José—. Pero no distinguiremos nada. Está demasiado oscuro… Tendremos ante nosotros la montaña de Icctacihuatl y, por la hondonada, el camino seguro. Pero, ¡por Satanás!, no creo que lleguemos.
—¡Sigamos!
José estaba en lo cierto. La meseta de México está encerrada entre un inmenso circo de montañas. Es una inmensa cuenca oval de dieciocho leguas de largo, doce de ancho y sesenta y siete de perÃmetro, rodeada de altos salientes, entre los que se distinguen, al sudoeste, el Popocatepetl y el Icctacihuatl. Una vez llegado a la cima de estas barreras, el viajero ya no experimenta ninguna dificultad para descender por la meseta de Anahuac y la ruta, que se prolonga hacia el norte, es agradable hasta México. Entre las amplias avenidas de olmos y de álamos se admiran los cipreses plantados por los reyes de la dinastÃa azteca, asà como los schinns, parecidos a los sauces llorones de Occidente. Por todas partes los campos labrados y los jardines en flor muestran sus cosechas, mientras que manzanos, granados y cerezos respiran a gusto bajo este cielo azul profundo que determina el aire seco y enrarecido de las alturas terráqueas.