Un Drama en México
Un Drama en México —¡Sigamos andando! —respondió el teniente MartÃnez con febril impaciencia.
Algunos truenos resonaron al momento en las grietas del Popocatepetl.
—¡Que el diablo me lleve si consigo orientarme entre estos senderos perdidos! —exclamó José.
—¡Levántate y sigamos! —respondió bruscamente MartÃnez, obligando a José a seguir caminando dando traspiés.
—¡Y ni un ser humano que nos guÃe! —murmuraba el gaviero.
—¡Mejor! —dijo el teniente.
—¿Acaso no sabe que, cada año, se cometen un millar de asesinatos en México y que sus alrededores no son seguros?
—¡Mejor! —replicó MartÃnez.
Gruesas gotas de lluvia brillaban en las aristas de las rocas, iluminadas por los últimos resplandores del cielo.
—¿Qué es lo que veremos cuando consigamos atravesar las montañas que nos rodean?
—preguntó el teniente.