Un Drama en México
Un Drama en México ¡AL fin llegó el siguiente dÃa! ¡Qué gran noche pasamos en la posada de Hérisart! Un cuarto para ocho, una nube de parásitos fraternalmente distribuÃdos entre nosotros y los perros, que se rascaban con una rabia capaz de hundir el piso.
A mi, ¡oh inocente!, se me ocurrió preguntar a la posadera, una vieja desgarbada, si habÃa pulgas en el cuarto.
—No señor —me respondió—, se las comerÃan los chinches.
En vista de esto, me decidà a dormir vestido sentado en una silla medio desvencijada. No podÃa tenerme de dolores cuando me levanté.
Naturalmente fuà el primero en levantarme. Bretignot, Matifat, Pontcloué, Duvauchelle y sus compañeros roncaban todavÃa. Deseaba por momentos estar en el campo, como los cazadores sin experiencia que quieren salir antes del amanecer y antes de haber comido. Pero los profesores, a los que con el debido respeto fui despertando uno a uno, calmaron mis impaciencias de neófito. SabÃan los muy tunantes que las perdices al amanecer tienen las alas todavÃa húmedas y se las encuentra con dificultad.