Un Drama en México
Un Drama en México El gendarme tomó cuidadosamente el nombre de la víctima, su profesión, edad y domicilio. Después tuvo la amabilidad de rogarme que le entregara la escopeta, lo que hice en seguida. Menos peso tenía que llevar; le dije que si quería también el morral, el cuerno, la pólvora, los perdigones, etc, etc… Se rehusó generosamente, cosa que yo sentí.
Faltaba la cuestión del sombrero. Se arregló en seguida por medio de una moneda de oro.
—Es lástima; el sombrero estaba bien conservado —dije yo.
—Como que es casi nuevo —respondió el gendarme. Lo compré hace seis años a un sargento que se había retirado.
Se puso el sombrero el majestuoso gendarme y se fue por un lado y yo por el otro.
Una hora después llegaba a la posada, donde traté de disimular la confiscación de la escopeta y mi aventura. Mis compañeros traían una codorniz y dos perdices para siete. Matifat y Pontcloué se habían peleado para siempre y Maximon y Duvauchelle se repartieron unos cuantos puñetazos a propósito de una liebre que seguía corriendo.