Un Drama en México
Un Drama en México No tenÃa semejante licencia. Para un solo dÃa de caza creà que no valÃa la pena sacarla.
Pero reponiéndome, creà que debÃa decir lo que se dice siempre, que me la habÃa olvidado en mi casa.
Una sonrisa de duda se pintó en la cara del representante de la ley.
—Me veo en la necesidad de levantar acta —dijo.
—¿Porqué? Mañana le enviaré a usted el permiso y…
—Está bien; pero tengo que levantar acta.
—Hágala, ya que usted es insensible al ruego de un principiante.
Un gendarme sensible no serÃa un gendarme. Sacó del bolsillo una cartera envuelta en cuero amarillo.
—Su nombre —me dijo.
Yo sabÃa que en estos casos la costumbre es dar el nombre de algún amigo. Si en aquella época hubiera sido miembro de la Academia de Amiens, no hubiera titubeado un momento en dar el nombre de mis compañeros. Me contenté dando el nombre de uno de mis amigos de ParÃs, pianista distinguido. El tal amigo, ocupado sin duda en hacer escalas, estaba lejos de figurarse que se le iba a citar como delincuente en caza.