Un Drama en México
Un Drama en México —¿Quién eres? —interrogó el capitán.
—Un rudo marinero, un hombre fuerte y decidido, se lo aseguro. Dos brazos vigorosos como los que tengo la dicha de poseer, no son de despreciar a bordo de una nave.
—Pero hay más buques que el DelfÃn y otros capitanes que no son Jacobo Playfair; ¿por qué has venido, pues, aquÃ?
—Porque sólo a bordo del DelfÃn y a las órdenes del capitán Jacobo Playfair quiero yo servir.
—Pues no te necesito.
—Siempre se necesita un hombre vigoroso; sà quiere usted probar mis fuerzas con tres o cuatro hombres de los más robustos de la tripulación, estoy dispuesto.
—No es necesario. ¿Cómo te llamas?
—Crockston, para servirle.
El capitán retrocedió un paso para examinar mejor aquel hércules que se le presentaba de una manera tan curiosa. Su complexión, su figura, su aspecto, no desmentÃan sus palabras y sus alardes de robustez.
DebÃa estar dotado de una fuerza poco común y a la primera ojeada se comprendÃa que era hombre de pelo en pecho.
—¿Por dónde has navegado? —le preguntó Playfair.
—Un poco por todas partes.
—¿Sabes lo que va a hacer el DelfÃn?