Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo ISIDORE: ¡Discúlpeme! No he dicho que me ame, dije: ella misma en persona.
DUMORTIER: ¿La sobrina y protegida del Barón Gulistan d’Entremouillettes?
ISIDORE: Su propia sobrina y protegida.
DUMORTIER: ¡Tú! ¿Isidore Barbillon?
ISIDORE: Sí, yo mismo.
DUMORTIER: ¿Hijo de Jean Barbillon y Claudine Tournecerf?
ISIDORE: Como usted dice.
DUMORTIER: ¿Un abogado sin causas?
ISIDORE: Sin causas, pero no sin efecto.
DUMORTIER: ¿Pero has considerado, desgraciado, la distancia que los separa? Antes que nada, la señorita Césarine es la heredera exclusiva de su tío, dos o tres veces millonario, mientras que de mi sucesión, tu única fortuna es bastante pequeña, como para no ser considerada.
ISIDORE: Lo sé.
DUMORTIER: Aunque fueses diez veces[11] más rico y cien veces más célebre, jamás el Barón consentiría tan desigual casamiento. ¡Piensa en eso! ¡Un Barbillon!
ISIDORE: Todo eso es cierto, tío, y me lo he dicho a mí mismo, pero ¿qué quiere usted? Amo a la señorita Césarine.