Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo EL BARÓN: En vano desgastaron sus pulmones gritándole: ¡No avance! Pero él continuó avanzando y lanzándole piedras al animal que salió en su búsqueda. El Sr. Isidore Barbillon regresó hacia nosotros, pero al volver, una raÃz le hizo caer, fue entonces que le gritamos: ¡No se mueva! ¡Hágase el muerto!
DUMORTIER: Pero es algo evidente y muy conocido. Cuando se es perseguido por un oso, lo único que queda es hacerse el muerto.
ISIDORE: Ésa fue mi intención, tÃo. Me quedé rÃgido allÃ, conteniendo el aliento. El oso llegó hasta mÃ, me olió, me removió, no me movÃ. Cuando de repente…
CESARINE: ¡Dios mÃo!
ISIDORE: ¡Cruel fatalidad! Al caer, mi nariz quedó junto a una planta de tabaco y ésta me hizo estornudar.
EL BARÓN: ¡Estornudó! ¡Hombre muerto!
ISIDORE: El asombrado oso retrocedió primero, pero luego se volvió contra mÃ. Perdà la cabeza y.
IPHARAGHERRE: ¡Y el Sr. Barón, que ya se habÃa acercado lo suficiente, disparó una bala en el corazón del animal que se desplomó fulminado! ¡Ah!, ¡qué tiro!
ISIDORE: ¡Señor Barón, gracias!
DUMORTIER: Gracias.