Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo DUMORTIER: No hay mucho de qué lamentarse. ¡Pero bribón! No viviré más que en medio de crÃmenes, tiros de fusil, bestias feroces, ahogamientos.
ISIDORE: Para que esto termine, déjeme actuar. Además, una vez que el Barón esté en el agua, usted me entiende, me lanzaré yo mismo después de él.
DUMORTIER: Pero ¿sabes nadar?
ISIDORE: No del todo.
DUMORTIER: Pero, entonces.
ISIDORE: Entonces me prestará su cinturón de seguridad, con el que pasó excelentes dÃas en Biarritz durante la última estación.
DUMORTIER: ¡Tienes una respuesta para todo!
ISIDORE: Y le advierto una cosa: ¡No tiene un minuto que perder!
DUMORTIER: ¿Pero mi pobre Isidore, mi querido sobrino, has reflexionado bien?
ISIDORE: ¡He reflexionado demasiado! ¿Puede o no, conseguirme ese cinturón de seguridad?
DUMORTIER: ¡Lo haré! ¡Qué diablos! Pero explÃcame como piensas usarlo. Sobretodo, debes ser cuidadoso con las trampas que le tenderás al Barón, no vaya a ser que alguien más caiga en ellas, yo por ejemplo.
ISIDORE: ¡Pero muévase! ¡El cinturón o la muerte! El Barón puede marcharse de un momento a otro.
DUMORTIER: Ya voy, ya voy.