Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo IPHARAGHERRE: Bien, en cuanto a eso, Sr. Dumortier, según sus instrucciones, después de un día y dos noches, y no es que nos jactemos, atravesamos un duro camino, pero con piernas vascas, iríamos de cabeza hasta el fin del mundo.
ISIDORE: Tío, los cuentos de este guardia me aburren. (Se sienta).
DUMORTIER: (A Ipharagherre). Por una vez en tu vida, ¿no puedes ir directo al grano cuando estás hablando de algo?
IPHARAGHERRE: ¡Señor!, es difícil marchar directo en un país de montañas. Para usted es fácil decirlo. ¡Si Etcheverry y Lampourdan estuvieran aquí!
ISIDORE: Si ellos estuvieran aquí tendríamos que irnos, porque el lugar sería insoportable. ¡Poner a tres vascos a contar una historia! ¡Demonios!
DUMORTIER: Por última vez, Ipharagherre, me dirás si o no, si mis instrucciones fueron ejecutadas, si hallaste.
IPHARAGHERRE: Claro que sí, Sr. Dumortier, ¡encontramos algo! A fuerza de atravesar la montaña, excavar en los bosques y husmear en las madrigueras. ¡Descubrimos un oso!
DUMORTIER: ¡Un oso!
IPHARAGHERRE: ¡Un magnífico oso! Con huellas tan grandes como ésta. Se lo mostraré cuando lo desee.
DUMORTIER: Pero…
