Una ciudad flotante
Una ciudad flotante —Tenéis razón —me dijo—. Ese canalla ha conseguido su objeto. ConocÃa todo lo pasado, todo el amor de Fabián. Tal vez Elena, privada de su razón, le ha revelado sus más secretos pensamientos. Tal vez, antes de su matrimonio, la leal Elena le contó lo que ignoraba de su vida de niña y de joven. Impulsado por sus malos instintos, hallándose en contacto con Fabián, ha buscado este lance, reservándose el papel de ofendido. Ese tuno debe de ser un espadachÃn consumado, un matón.
—Sà —respond×. Cuenta varios lances de este género.
—No es el desafÃo lo que yo temo —respondió Casican—. El capitán Fabián Macelwin es uno de esos hombres a quienes no turba ningún peligro. Lo que temo son las consecuencias. Si Fabián mata a ese hombre, por vil que sea, abre un abismo entre Elena y él. Sabe Dios que, en el estado en que esa infeliz mujer se encuentra, necesita un apoyo como Fabián.
—Pero, suceda lo que suceda, lo que debemos desear, por Elena y Fabián, es que Drake sucumba. La justicia está de nuestra parte.
—Cierto, pero debemos temerlo todo, y estoy traspasado de dolor, pues, a costa de mi vida, hubiera querido evitar a Fabián este encuentro.