Una ciudad flotante
Una ciudad flotante A las cuatro, pocos minutos antes de la comida, fue señalado un buque a babor. El segundo me dijo que debía ser el City of París, de 2750 toneladas, uno de los mejores steamers de la compañía de Inman; pero se engañaba, pues habiéndose acercado el buque nos dio su nombre Saxonia, de la Steam-National Company. Por espacio de algunos instantes, los dos buques corrieron a contrabordo, a menos de tres cables de distancia. La cubierta del Saxonia estaba ocupada por sus pasajeros, que nos saludaron con una triple aclamación.
A las cinco otro buque en el horizonte, pero demasiado distante para que pudiéramos reconocer su nacionalidad. Debe ser el City of París. ¡Qué atractivo tienen esos encuentros de buques, de esos huéspedes del Atlántico, que se saludan al paso! No es posible la diferencia entre buque y buque. El común peligro es un lazo de unión hasta entre desconocidos.
A las seis, tercer buque, el Filadelfia, de la línea de Inman, dedicado al transporte de emigrantes de Liverpool a Nueva York. Decididamente, la tierra no podía distar mucho pues recorríamos mares frecuentados. Yo estaba ansioso de tocar en ella.
Se esperaba también al Europa, barco de ruedas de 3200 toneladas y 1300 caballos, perteneciente a la Compañía transatlántica, dedicado al servicio de pasajeros entre E Havre y Nueva York; pero no fue señalado. Sin duda había remontado al Norte.