Una ciudad flotante
Una ciudad flotante A cosa de las siete y media anocheció. El disco de la Luna se separó del sol poniente y permaneció algún tiempo suspenso en el horizonte. Una lectura religiosa hecha por Anderson en el gran salón, entrecortada por cánticos, se prolongó hasta las nueve de la noche.
Terminó el día sin que Corsican y yo recibiéramos la visita de los padrinos de Drake.