Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El capitán Anderson descendió sin tardanza a la cala. Advirtió que el quinto compartimento estaba inundado y la rapidez de la invasión indicaba que la vía de agua era considerable. Por fortuna, no se hallaban en ese compartimento las calderas, pues los fuegos se hubieran extinguido súbitamente. El capitán hizo detener el barco al instante, y uno de los marineros se sumergió para examinar la avería. Poco después, se comprobaba la existencia de una perforación de dos metros de ancho en la obra viva del vapor. No podía cegarse semejante vía de agua, de modo que el Scotia, con las ruedas semihundidas, hubo de proseguir su viaje. Hallábase entonces a trescientas millas del cabo Clear y con un atraso de tres días, que inquietó vivamente en Liverpool, fondeó en el muelle de la compañía.