Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Supongo que la casualidad nos hizo descubrir un secreto importante. Ahora bien, si los tripulantes de esta nave tienen interés en ocultarlo, y si tal interés pesa más en su ánimo que la vida de tres hombres, creo que nuestra existencia se halla muy comprometida. En caso contrario, aprovecharán de la primera oportunidad para que el monstruo que nos ha engullido nos devuelva al mundo habitado por nuestros semejantes...
-A menos que nos alisten en la tripulación, dijo Consejo y nos retengan de ese modo...
-Hasta el momento, replicó Ned Land, en que alguna fragata más rápida o más hábil que la Abraham Linco1n se apodere de este nido de forajidos y ponga a la tripulación con nosotros a respirar por última vez en la verga del palo mayor.
-Bien razonado, maestro Land, repuse, pero que yo sepa aún no nos han propuesto nada a ese respecto. Es inútil, pues, discutir el partido que debemos tomar llegado el caso. Le repito, esperemos, y no hagamos nada, puesto que no hay nada que hacer. Al contrario, señor profesor, respondió el arponero que no querÃa dar su brazo a torcer, hay que hacer algo.
-¿Por ejemplo, qué, maestro Land?