Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Escaparnos.
-Escapar de una prisión "terrestre" no es a menudo cosa fácil; de una prisión submarina, me parece absolutamente impracticable.
-Vamos, amigo Ned, preguntó Consejo, ¿qué responde usted a la objeción del señor? ¡No puedo creer que un americano se encuentre nunca falto de recursos!
El arponero, visiblemente confundido, callaba. Una fuga en las condiciones en que el azal nos había puesto era totalmente imposible. Pero un canadiense es a medias francés y maestro Land lo demostró con su respuesta:
-¿De modo que, señor Aronnax, repuso después de unos instantes de reflexión, no ve usted lo que deben hacer aquellos que no pueden escaparse de su prisión?
-No, amigo mío.
-Es muy sencillo, sólo tienen que arreglarse de modo que queden en ella.
¡Claro!, dijo Consejo. Más vale estar adentro que arriba o abajo.
-Sí, pero después de haber arrojado afuera a los carceleros, llaveros y guardias, añadió Ned Land.
-¿Qué? Ned, ¿acaso piensa seriamente en apoderarse de esta nave?
-Muy seriamente, respondió el canadiense.
-Es imposible.