Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Pero no lo sabe usted todo, no lo ha visto usted todo. PermÃtame decirle que no lamentará el tiempo que pase a bordo de mi nave. Va usted a viajar por el paÃs de las maravillas. El asombro, la estupefacción serán probablemente el estado habitual de su ánimo. No lo cansará el espectáculo incesante que se brinde a su vista. Quiero ver otra vez en una nueva vuelta al mundo submarino, ¿quién sabe?, tal vez sea la última, todo lo que pude estudiar en el fondo de esos mares tantas veces recorridos, y usted será mi compañero de estudios. Desde hoy penetra usted en un nuevo elemento, verá lo que no ha visto aún ningún hombre, pues yo y los mÃos no contamos, y nuestro planeta, gracias a mÃ, le revelará sus últimos secretos. Espero que le agradará. No he de negarlo: esas palabras del comandante produjeron en mà hondo efecto. Tocaban mi flaco y yo olvidaba por un instante que la contemplación de aquellas cosas sublimes no compensaba la libertad perdida. Por otra parte, contaba con el porvenir para resolver esta grave cuestión. Por eso me limité a responder: