Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino TenÃa la esperanza, además, que obras más recientes me permitirÃan fijar con certeza ese momento; pero me quedaba mucho tiempo para tal búsqueda y no quise demorar más el paseo a través de las maravillas del Nautilus.
_Señor, le dije al capitán, le estoy muy agradecido de que haya puesto a mi disposición su biblioteca. Contiene tesoros de ciencia y aprovecharé de ellos.
-No sólo es esta sala una biblioteca, sino también salón de fumar, dijo el capitán Nemo.
-¡Salón de fumar!, exclamé. ¿Se fuma, pues, a bordo?
-Sin duda.
-Entonces, señor, debo creer que ha conservado usted relaciones con La Habana.
-Ninguna, respondió el capitán. Acépteme este cigarro, señor Aronnax, que aunque no provenga de La Habana, le agradará, si es usted buen conocedor.
Torné el cigarro que me ofrecÃa, cuya forma recordaba la del puro, aunque parecÃa fabricado con hojas de oro. Lo encendà en un braserillo sostenido por elegante pie de bronce y aspiré las primeras bocanadas con la fruición de un aficionado que no tuvo ocasión de fumar desde hacÃa dos dÃas.
-Es excelente, dije; pero no es tabaco.