Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿Pero cómo regresa a bordo?
-Yo no regreso, señor Aronnax, el Nautilus es el que acude.
-¿Obedeciendo a una orden suya?
-A mi orden. Un hilo eléctrico me une a él. Envío un telegrama y eso basta.
-¡En efecto!, dije, embriagado por tantas maravillas, ¡no hay cosa más sencilla!
Después de haber traspuesto el hueco de la escalera que llevaba a la plataforma, vi un camarote de dos metros de largo donde Consejo y Ned Land, encantados con su comida, se dedicaban a devorar a dos carrillos. Luego se abría una puerta que daba paso a la cocina, de tres metros de largo, que se hallaba situada entre los amplios pañoles de víveres.
Allí, la electricidad, más enérgica y dócil que el mismo gas, realizaba todas las funciones de la cocción. Los cables llegando hasta debajo de los hornos transmitían a unas esponjas de platino un calor que se distribuía y mantenía con regularidad. También calentaba unos aparatos destiladores que por vaporización proveían de excelente agua potable. A continuación de la cocina se hallaba el cuarto de baño, confortablemente instalado y de cuyos grifos salía agua fría o caliente a voluntad.