Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿A pie?
-Y hasta a pie seco.
-¿Cazando?
-Cazando.
¿Fusil en mano?
-Fusil en mano.
-Miré al comandante del Nautilus con un aire que no tenía nada de halagador para su persona.
"No hay duda, anda mal de la cabeza", pensé. "Le ha dado un ataque que duró ocho días y que todavía no se le ha pasado. ¡Qué lástima! Me gustaba más cuando me parecía un original, que ahora, loco." Tal pensamiento debía leérseme con claridad en el rostro, pero el capitán Nemo se conformó con invitarme a que lo siguiera y lo seguí, como quien se resigna a lo que viniere. Llegamos al comedor, donde estaba servido el desayuno,
-Señor Aronnax, me dijo el capitán, le ruego que comparta mi desayuno sin cumplidos. Conversaremos comiendo. Le he prometido un paseo por el bosque, pero no me comprometí a que encontráramos allá un restaurante. Desayúnese, pues, como quien no ha de almorzar probablemente sino muy tarde.