Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Eso no sería un impedimento. Hay algunos cañones perfeccionados, como los de Fulton por los ingleses Felipe Coles y Burley, por el francés Furcy, por el italiano Landi que mediante un sistema particular de cierre, pueden tirar en las condiciones que usted señala. Yo, le repito, como no tengo pólvora, la he reemplazado por aire a alta presión, que las bombas del Nautilus me suministran abundantemente.
-Aire que se debe consumir muy pronto.
-Bueno, ¿no cuento, acaso, con mi depósito Rouquayrol, en caso de necesidad? Basta con un grifo ad hoc. Por lo demás, señor Aronnax, la vera usted por sus propios ojos que durante esas cacerías submarinas no se hace gran consumo de aire ni de balas.
-No obstante, me parece que en aquella semioscuridad y en medio de un líquido muy denso con relación a la atmósfera, los tiros no han de alcanzar muy lejos y difícilmente serán mortales.
-Señor, con este fusil todos los tiros son mortales, v en cuanto se hiere a un animal, por ligeramente que fuere, cae fulminado.
-¿Por qué?