Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Porque las que dispara este fusil no son balas ordinarias, sino unas capsulitas de vidrio inventadas por el químico austríaco Leniebroek, de las cuales tengo abundantísima provisión. Dichas cápsulas de vidrio, recubiertas por una armadura de acero y reforzadas con un culote de plomo, son unas verdaderas botellitas de Leyden en las que se acumula la electricidad a muy alta presión. Ante el menor choque se descargan y el animal, por resistente que fuere, cae muerto. Añadiré que las cápsulas no son más gruesas que el calibre cuatro y que la carga de un fusil ordinario puede contener diez de ellas.
-No discuto más, respondí lenvantándome de la mesa, y no me queda sino empuñar el fusil. Por otra parte, adonde usted vaya, iré yo. El capitán me llevó a popa del Nautilus y al pasar por delante del camarote de Ned y de Consejo, llamé a mis compañeros, que nos siguieron al instante. Luego llegamos a una celda situada a un costado, cerca de la cámara de las máquinas, donde debíamos vestir nuestros trajes de paseo.