Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Por eso, a falta de algo mejor, yo hablaba conmigo mismo, gritaba dentro de la caja de cobre que me cubrÃa la cabeza y quizás gasté asÃ, en vanas palabras, mayor cantidad de aire de lo conveniente. Pero habÃa que marchar y avanzábamos, mientras pasaban por sobre nuestras cabezas manadas de fisalias arrastrando sus tentáculos flotantes; de medusas cuya umbrela opalina o rosa tierno, festoneada de un listón azul, nos abrigaba de los rayos solares y pelagias panopiras que, en la oscuridad, hubieran sembrado nuestro camino con resplandores fosforescentes. Todas esas maravillas las entrevà en el espacio de un cuarto de milla, deteniéndome apenas, yendo detrás del capitán Nemo que me llamaba con un movimiento del brazo.