Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Pronto se modificó la naturaleza del suelo. A la llanura de arena le sucedió una capa de limo viscoso, que los norteamericanos llaman "oaze", compuesta únicamente de conchillas silíceas o calcáreas. Luego recorrimos un prado de algas, plantas pelágicas que no habían arrancado aún las aguas y que crecían exuberantes. Estos prados de apretado césped, suaves bajo el pie, hubieran rivalizado con las más blandas alfombras tejidas por la mano del hombre. Mas, al mismo tiempo que la verdura se extendía bajo nuestras plantas, no dejaba de flotar sobre nuestras cabezas. Una muelle cuna de plantas marinas pertenecientes a la nutrida familia de las algas, de las que se conocen más de dos mil especies, se tejía en la superficie del mar. Yo veía flotar largas cintas de fucos, unos globulosos, otros tubulados, así como laurencias, cladostepos de follaje tan suelto, rodimenias palmeadas, semejantes a abanicos de cactos.