Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El capitán Nemo se detuvo de pronto. Una señal suya interrumpió el avance, y por grandes que fueran mis deseos de franquear la muralla, tuve que parar la marcha. Allí terminaban los dominios del capitán Nemo. No quería traspasarlos. Más allá estaba la porción del globo que sus plantas ya no debían hollar.
Comenzó el regreso. El capitán Nemo había vuelto a encabezar el reducido grupo, sin vacilar en la dirección. Creí ver que no tomábamos el mismo camino para la vuelta al Nautilus. La nueva ruta, muy áspera y por consiguiente más penosa, nos acercaba sensiblemente a la superficie del mar. No obstante, el regreso a las capas superiores no fue tan repentino como para que la súbita falta de presión pudiera producir desórdenes graves en nuestro organismo y ser causa de lesiones internas, tan fatales para los que se dedican a bucear.