Veinte mil leguas de viaje submarino

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Esta bahía, dragada en varias ocasiones, provee de abundantes ostras excelentes. Las comimos sin moderación, después de haberlas abierto en nuestra propia mesa, según el precepto de Séneca; eran moluscos de la especie conocida por el nombre de ostrea lamellosa, muy común en Córcega. El banco de Wailea debía de ser considerable y, por cierto, sin las múltiples causas de destrucción dichas aglomeraciones acabarían por rellenar las bahías, ya que se encuentran hasta dos millones de huevos por cada individuo.

Y si el maestro Ned Land no tuvo que arrepentirse por su glotonería en tal circunstancia, fue porque la ostra es el único alimento que no provoca nunca indigestiones. En efecto, son necesarias no menos de dieciséis docenas de esos moluscos acéfalos para dar los trescientos quince gramos de sustancia azoada que requiere la alimentación de un solo hombre.








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