Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino La primera nave quedó destruida casi de inmediato; la segunda, encallada a sotavento, resistió algunos dÃas. Los indÃgenas acogieron bastante bien a los náufragos; instaláronse éstos en la isla y construyeron una embarcación más pequeña con los restos de las grandes. Algunos marineros se quedaron voluntariamente en Vanikoro; los demás, debilitados, enfermos, partieron con La Pérouse. Dirigiéronse hacia las islas Salomón, donde hombres y barco perecieron en la costa occidental de la isla más importante del grupo, entre los cabos Decepción y Satisfacción.
-¿Cómo lo sabe usted?, exclamé.
¡Vea lo que encontré en el mismo sitio de ese último naufragio!
El capitán Nemo me mostró una caja de hojalata sellada con el escudo de Francia y enteramente corroÃda por las aguas salinas. La abrió y vi en ella un legajo de papeles amarillecidos, aunque todavÃa legibles.
¡Eran las propias instrucciones del ministro de marina al comandante La Pérouse, con anotaciones marginales de mano de Luis XVI!
¡Ah, qué hermosa muerte para un marino!, comentó entonces el capitán Nemo. ¡Tranquila tumba este sepulcro de coral! ¡Quiera el Cielo que mis compañeros y yo no tengamos otro!