Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -A fe mía, respondió Consejo, no sé qué decirle al señor. Cierto es que vemos cosas curiosas y que desde hace dos meses no hemos tenido tiempo de aburrirnos. La última maravilla cada vez es la más asombrosa, y si se mantiene la progresión, no se sabe cómo ha de terminar esto. Me imagino que nunca se nos dará otra ocasión parecida.
-Nunca, Consejo.
-Además, el señor Nemo, que lleva bien puesto su nombre latino, nos molesta tan poco como si no existiera.
-Es tal como lo dices, Consejo.
-Pienso, pues, que un "año feliz" sería el que nos permitiera verlo todo...
-¿Verlo todo, Consejo? Llevaría, tal vez, mucho tiempo. ¿Pero qué piensa de esto Ned Land?
-Ned Land piensa exactamente lo contrario que yo, respondióme Consejo. Tiene un sentido práctico de las cosas y un estómago exigente. Mirar a los peces y comer siempre pescado no le basta. La falta de pan, de vino, de carne, no conforma a un digno anglosajón, fami-
liarizado con los bisteques y a quien no asusta el brandy o la ginebra, en cantidades moderadas.