Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Consejo!, grité por tercera vez.
Consejo se presentó.
-¿Llamaba el señor?, dijo entrando.
-Sí, muchacho. Apronta mis cosas y prepárate. Salimos dentro de dos horas.
-Como el señor guste, respondió tranquilamente Consejo.
-No debemos perder un instante. Pon en el baúl todos mis utensilios de viaje, algunos trajes, camisas, medias, sin contarlos, pero cuantos quepan. ¡Y date prisa!
-¿Y las colecciones del señor?
-Ya nos ocuparemos de ellas más tarde.
-¡Cómo! ¿Los archiotherium, los hyracotherium, los oreodones, los cheropotamus y otras osamentas del señor?
-Las dejaremos guardadas en el hotel.
-¿Y la babirusa del señor?
-Le darán de comer durante nuestra ausencia. Por otra parte, dejaré ordenado que nos envíen a Francia nuestra colección de fieras.
-¿No regresamos, entonces, a París?, preguntó Consejo.
-Sí..., por cierto..., respondíle evasivamente. Pero dando un rodeo.
-El rodeo que el señor guste.
-¡Oh, no es gran cosa! Un camino algo menos directo, nada más. Nos embarcaremos en la Abraham Lincoln.