Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Las mareas no son fuertes en el Pacífico, como usted lo dice, señor profesor, respondió el capitán Nemo, pero en el estrecho de Torres se encuentra aún una diferencia de metro Y medio entre el nivel de las altas y las bajas mareas. Hoy es el 4 de enero y dentro de cinco días tendremos plenilunio. Y mucho me sorprendería si el complaciente satélite no alzara suficientemente estas masas de agua y no me prestara un servicio que no quiero deberle sino a él. Dicho esto, el capitán Nemo seguido de su segundo, volvió al interior del Nautilus. En cuanto a la nave, permanecía inmóvil como si ya los pólipos coralinos lo hubieran tapiado con su indestructible cemento.
-¿Y bien, señor?, me preguntó Ned Land viniendo a mi lado despuçes de la partida del capitán.
-Y bien, amigo Ned, esperaremos tranquilamente la marea del 9, pues al parecer la luna nos hará el favor de ponernos a flote.
-¿Así, sencillamente?
-Sencillamente así.
-¿Y este capitán no piensa soltar las anclas, forzar las máquinas v hacer lo necesario para desencallar?
-Puesto que bastará con la marea, respondió Consejo. El canadiense posó la mirada en Consejo, luego se encogió de hombros. Era el marino quien en él se expresaba así.