Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Inténtelo el señor, dijo Consejo, y así sabremos a qué atenernos acerca de la amabilidad del capitán.
Con gran sorpresa de mi parte, el capitán Nemo me concedió el permiso que le pedía. Lo hizo de muy buen grado y atentamente, sin exigirme la promesa de regresar a bordo. Cierto es que una fuga a través de las tierras de la Nueva Guinea hubiera sido muy peligrosa y yo no le hubiera aconsejado a Ned Land que la intentase. Más valía seguir prisioneros a bordo del Nautilus que caer en manos de los indígenas de la Papuasia. Pusieron la canoa a nuestra disposición para el siguiente día por la mañana. Yo no traté de saber si el capitán Nemo nos acompañaría. Hasta pensé que ningún hombre de la tripulación nos conduciría y que Ned Land sería el Único encargado de dirigir la embarcación.