Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Haciendo con la pulpa una pasta fermentada que se conserva indefinidamente sin corromperse. Cuando quiera usarla, la haré asar en la cocina de a bordo y, pese a un saborcillo un poco ácido, le parecerá a usted muy buena.
-¿De modo que, maestro Land, a ese pan no le falta nada?...
-Sí, señor profesor, respondió el canadiense, le falta el añadido de algunas frutas, o por lo menos, de algunas legumbres.
-¡Pues busquemos las frutas y las legumbres!
Cuando hubimos terminado la recolección, nos pusimos en marcha para completar aquella comida "terrestre". No resultaron vanas nuestras búsquedas; hacia mediodía contábamos con una amplia provisión de bananas. Estos deliciosos productos de la zona tórrida maduran todo el año, y los malayos, que les han dado el nombre de pisang, los comen sin cocinar. Además de las bananas, recogimos enormes jackias, de sabor muy marcado, mangos sabrosos y ananás de increíble tamaño. La recolección nos llevó gran parte del tiempo, lo que por otro lado no era de lamentar. Consejo no dejaba de observar a Ned. El arponero iba adelante, y mientras paseábamos por el bosque arrancaba con mano segura excelentes frutas para completar nuestra provisión.
-¿Ya no nos falta nada, amigo Ned?, preguntó Consejo.