Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino ¿No lo ha comido nunca, señor?
-No, Ned.
-Pues bien, prepárese a probar algo suculento. ¡Si no le agrada, yo no soy ya el rey de los arponeros!
Al cabo de unos minutos, la parte del fruto expuesta al fuego quedó completamente asada. En el interior aparecía una pasta blanca, como unas migas tiernas cuyo sabor recordaba al de la alcachofa. Debo confesar que ese pan era excelente y me agradó mucho comerlo.
-Por desgracia, dije, semejante pasta no puede conservarse fresca y me parece inútil recogerla para llevarla a bordo.
- ¡Qué dice usted, señor!, exclamó Ned Land. Habla como naturalista; pero yo obraré como panadero. Consejo, recoja esos frutos, amontónelos y nos los llevaremos al regresar.
-¿Cómo los preparará?, le pregunté al canadiense.